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Menopausia en el trabajo: el tema que muchas empresas todavía no saben abordar

Cuando los síntomas también llegan al trabajo

Hace unos meses asistí a una breve formación sobre menopausia impartida por el laboratorio Equisalud, y hubo algo que se quedó especialmente conmigo: durante la sesión se habló de hasta 45 síntomas diferentes que pueden aparecer en esta etapa de la vida de una mujer.

Cuarenta y cinco.

Lo que me hizo pensar no fue solamente la cifra, sino algo mucho más importante: no hay dos mujeres que vivan la menopausia de la misma manera.

Podemos compartir algunos síntomas. Los sofocos son probablemente los más conocidos. También hablamos con mayor facilidad del insomnio, de despertarnos repetidamente a la misma hora de la madrugada, de los sudores repentinos, de la irritabilidad o de ese cansancio que algunos días parece acompañarnos desde que nos levantamos.

Pero la menopausia es mucho más que eso.

Hay dolores articulares. Cambios en la composición corporal y pérdida progresiva de masa muscular. Cambios en la piel, que puede sentirse más seca y menos elástica. Alteraciones del sueño, de la energía, de la concentración o del estado de ánimo.

Y también existen síntomas mucho más íntimos.

Cambios que afectan a nuestra sexualidad, a cómo sentimos nuestro cuerpo, a nuestra autoestima o incluso a la relación con nuestra pareja. Aspectos de los que todavía cuesta hablar porque pertenecen a una esfera profundamente personal.

Y es precisamente ahí donde aparece una contradicción que me resulta especialmente interesante.

Somos mujeres de 45, 48 o 50 años que seguimos plenamente activas

Trabajamos, lideramos equipos, cuidamos familias, gestionamos proyectos, tomamos decisiones, emprendemos, hacemos deporte, viajamos y seguimos construyendo nuestra vida profesional.

Exteriormente podemos sentirnos jóvenes y vernos jóvenes.

Vivimos, además, en una sociedad que habla cada vez más de longevidad, envejecimiento saludable, prevención y cuidado de nuestra imagen.

Sin embargo, seguimos encontrándonos con enormes silencios cuando hablamos de lo que sucede dentro de nuestro cuerpo durante esta etapa.

Y ese silencio también llega al trabajo.

Porque los síntomas no se quedan en casa cuando entramos en la oficina

Imaginemos algo muy sencillo.

Una mujer lleva varias noches durmiendo mal. Se despierta todos los días a las tres o las cuatro de la madrugada y después no consigue volver a conciliar el sueño.

Llega a trabajar cansada.

Tiene una reunión importante.

Le cuesta algo más concentrarse.

Ese día se siente especialmente irritable y, además, empieza a tener un sofoco en mitad de una presentación.

Probablemente nadie en la sala sabe lo que está ocurriendo.

Sus compañeros solo ven que está más seria, menos comunicativa o algo distraída.

Y quizás ella tampoco quiere explicarlo.

Porque no siempre es fácil decir:

«Estoy atravesando una etapa hormonal que está afectando a mi sueño, a mi energía y a cómo me siento hoy.»

Entonces hacemos algo que muchas mujeres hemos aprendido muy bien a hacer:

seguimos funcionando.

Cumplimos.

Respondemos.

Sacamos el trabajo adelante.

Pero hacerlo no significa necesariamente que estemos bien.

Aquí es donde las empresas tienen una oportunidad enorme

En los últimos años hablamos muchísimo de bienestar corporativo.

Programas de bienestar.
Salud mental.
Mindfulness.
Nutrición.
Actividad física.
Gestión del estrés.

Todo ello es necesario.

Pero creo que debemos hacernos una pregunta un poco más incómoda:

¿Estamos realmente atendiendo a las personas o estamos implantando programas de bienestar porque ahora las organizaciones sienten que tienen que tenerlos?

Porque poner una fruta en la oficina, organizar una sesión de mindfulness o celebrar la Semana del Bienestar puede ser positivo.

Pero el verdadero bienestar empieza cuando conocemos qué está viviendo la persona que tenemos delante.

Y eso requiere escuchar.

Requiere individualizar.

Requiere comprender que una mujer de 47 años que lleva meses durmiendo mal, sintiendo cambios físicos, gestionando estrés y atravesando una transición hormonal quizá necesita algo diferente de otra trabajadora de 30 años.

No mejor.

No peor.

Diferente.

No se trata de señalar a la mujer menopáusica

Y esto me parece especialmente importante.

Hablar de menopausia en las organizaciones no significa etiquetar a las mujeres ni convertir una etapa fisiológica en una enfermedad.

Todo lo contrario.

Significa normalizar algo que forma parte de la vida de millones de mujeres.

Significa crear culturas en las que una persona pueda decir que está atravesando una etapa determinada sin sentir que eso la convierte en menos competente, menos fuerte o menos preparada profesionalmente.

Porque una mujer no deja de tener experiencia, talento, criterio o capacidad de liderazgo porque atraviese la menopausia.

Puede simplemente necesitar comprender mejor qué está sucediendo en su cuerpo y encontrar estrategias que le permitan seguir cuidándose y trabajando de una manera sostenible.

Para mí, ahí empieza el verdadero bienestar corporativo

No en programas idénticos para todos.

Sino en organizaciones capaces de mirar a las personas con un poco más de profundidad.

Empresas donde Recursos Humanos y los responsables de equipo tengan herramientas para escuchar, comprender y acompañar sin invadir.

Donde podamos hablar de sueño, estrés, regulación emocional, hábitos, salud hormonal o etapas vitales sin convertir cada conversación en un problema.

Y donde el bienestar no sea únicamente una iniciativa bonita dentro de una presentación corporativa.

Sino una cultura.

Porque detrás de una trabajadora cansada, irritable o más sensible de lo habitual puede haber muchas cosas.

Y quizá una de ellas sea una mujer intentando entender los cambios que está experimentando mientras continúa respondiendo a todas las exigencias de su vida profesional y personal.

Tal vez deberíamos empezar por algo tan sencillo como esto:

preguntar menos “¿qué le pasa?” y empezar a preguntarnos “¿qué puede estar necesitando?”.

Ahí cambia completamente la conversación.

Y probablemente ahí empieza también una manera mucho más humana de entender el bienestar en las organizaciones.

93,5 % presenta síntomas. Solo el 5 % de las empresas ofrece apoyo específico.
EADA Business School, España, 2025

¿Sabe tu empresa cómo acompañar la menopausia sin estigmatizarla?